miércoles, 25 de noviembre de 2020

Polvo estelar

Polvo estelar, sí,
polvo caído y resurrecto
innumerables generaciones
¿para qué?
La repetición patológica
del neurótico, del canceroso,
el del corazón quebrado
y canto herido.
Crédulos de la trascendencia,
arrastramos nuestra miseria por el polvo
menos brillante de la calle,
perros iluminados por lámparas led,
atosigados por la sed y el hambre,
por el dolor, por el cansancio,
por la jerarquía y mezquindad de la manada.
Tan fácil como dejarse caer.
Después de todo somos polvo.
Polvo estelar, sí, caído y resurrecto
hasta el fin de los tiempos,
en la esperanza de que el tiempo tenga un fin,
un fin sin la necedad del juicio y de la recompensa,
del juicio y del castigo,
juicio y permanencia.
Polvo caído y punto.

jueves, 19 de noviembre de 2020

Nada que comunicar, excepto…

… habitar
este vacío que no es la nada todavía.
Soy, sin expectativas.
No busco ni espero
en el futuro incognoscible.
¿qué puede cambiar o cambiarme
en esta anomia prolongada y sin sentido?
Esta falencia del lenguaje para describir la realidad.
Esta forma imposible de alzheimer del presente y del futuro,
sin aprensión, sin angustia, sin deseo, sin malestar.
Este estar pero no estar para nada ni nadie.
Tampoco es que haya algo que comunicar.
Este jueves de noviembre a mediodía
tampoco hay nada qué sentir, excepto lluvia y frío.

sábado, 31 de octubre de 2020

 


Si un poema de amor te condujera
a mi lecho, de amores tan vacio,
por preservar tu amor, amor tan mío,
mi paradoja no lo consintiera.

En este no, no, no, que me lacera,
forro mi corazón con hielo frío,
mira que fue el invierno, no el estío,
quien hizo de mi vida su trinchera.

Yo sólo por sobrevivir porfío
y, aunque te amo, mi paso se desvía.
Ya otra cosa no soy que un desvarío.

¿No comprendes, amor, mi escalofrío?
Tu abrazo, tu calor, me mataría,
y mi toque congelaría tu brío.


Trópico










Día de invierno con sol y tulipanes,
de América milagro en la cintura,
un quiebre inesperado en  curvatura
que me hace deponer todos mis planes.

Niños, niñas, perros, gatos, galanes
y galanas acrecen la espesura
del discreto jardín con la locura
de Febrero y de Marzo en los divanes.

Gritos, risas, voces que sin premura
me ofrecen y me llevan a mi cuarto
el agua, la comida, la cordura.

Nunca de tu sonrisa estaré harto,
y por hoy no hablaré de tu pintura
pues también yo figuro en el reparto.


martes, 27 de octubre de 2020

En tránsito

 








Si mi nombre puedo cambiarlo

Si mudo de piel constantemente

Si mi cuerpo se regenera cada siete años

Si mi pensamiento es una errancia sin sentido

Si paso de lo cotidiano a la angustia existencial

Si encuentro o pierdo piezas del rompecabezas

Si recuerdo, distorsiono y olvido personas, sucesos, cosas

Si, en una palabra, nunca soy el mismo

¿Cuál José Luis será el que muera, ya que no puede

ser el José Luis que formula esta pregunta?

Alguien, algo, dejará de ser, sin duda, pero no sé quién o qué.

Ese José Luis no existe todavía.


 


sábado, 24 de octubre de 2020

 


Por esto dejé de correr…

Y porque lo vi sobre la banqueta tendido de costado, medio encogido.

Viejo, oscuro, arrugado, con su largo cabello blanco de anciano

y lo único vivo en él eran esos ojos fosfóricos y abiertos,

pero no interrogantes, sino aceptantes de su indigencia y su agonía.

Y porque yo pasé de largo como los otros, las putas y sus clientes,

los ambulantes, los pescadores, los compradores, los policías,

los borrachos, las familias con niños y perros, los viandantes.

La única caridad para ese moribundo fue la sombra

que le proyectaba el edificio de un hotel rivereño.

Si yo le hubiera comprado una botella de agua

también habría tenido que dársela a beber, y no, no puedo tanto.

…levantar esa cabeza, tocar esas canas enmarañadas, sucias,

hablarle, emboquillarle la botella…

Y porque vi que yo no era menos mierda que los otros

no he vuelto a caminar y trotar como antes por el malecón…

Lo vi, los vi, me vi: reconocí mi miedo en el de ellos…

-quizás también su indiferencia y su asco-

… y no puedo perdonarme.

 


lunes, 19 de octubre de 2020

La desaparición de los pronombres

 

Y no es misantropía, narcisismo, soberbia, egolatría, ni alguna otra patología. Es el confinamiento que me limita al Yo, mí, me, conmigo. Tú, Él, Nosotros, Vosotros y Ellos se han desvanecido. Sólo representamos nuestros soliloquios en esquizofrénicos espejos.


sábado, 17 de octubre de 2020

El imperio de las apariencias

 

Una frenología científicamente desacreditada, pero que opera en el ser humano de forma subconsciente y extendida, hacen que la belleza o la fealdad –conceptos relativos, cambiantes, singulares- sean determinantes en el éxito o el fracaso social de las personas, manifestándose, en los casos más extremos, en el feroz racismo que padecen las sociedades contemporáneas donde el “parecer” ha reemplazado al ser.

 




martes, 13 de octubre de 2020

Y aún en vuelo…

Y aún en vuelo…

No se me tenga por ciego,
ni se atribuya a torpeza:
ahora tengo la certeza
de que va en serio este juego.
¿Sorprendido? No lo niego,
pero tengo la entereza
y arrestos de fortaleza:
yo mismo me veto el ruego.
Quema el hielo y quema el fuego,
mas me hago la promesa
de cumplir esta proeza
incinerando mi ego.

No es poco lo que se apuesta
en claroscuro obstinado:
gris de plomo satinado
ya urge por mi respuesta.
Pero pues no es una fiesta
no me han de tomar ventaja
en un dilema que ultraja
pues a elegir me han forzado,
a mí, que siempre he volado,
tierra y cielo equidistantes,
sin solicitar garantes
bajo este fuego cruzado.

Ninguna causa suscribo
pues ninguna me convence;
la guerra se recrudece
y Halcón Peregrino al aire,
voy sorteando con desgaire
invitación o amenaza
que a mi espacio hoy atenaza
sin respetar mi albedrío;
todavía tengo mi río,
corazón, razón, instinto:
y a mi destino sucinto,
que es la muerte, le sonrío.

 


viernes, 18 de septiembre de 2020

Sosiego

…Y esta lasitud del mar.

…el norte que no sopla.

…La atenuada luz solar.

…El relax de mi mente y de mi cuerpo.

Algo cambió pero no atino qué.

¿Será ese cuadrado de jade de orografía crispada con un rombo de oro carcomido?

¿El silencio ya tan tarde, como un conticinio al mediodía?

¿La tibieza del té verde, el humo del cigarro?

¿Será que hoy no escuché el noticiario matutino?

¿Será pasajera esta calma inesperada, anhelada secretamente por mi espíritu?

No sé a qué atribuirla, no encuentro su fuente.

Quizás sólo deba disfrutarla mientras dure.

No recuerdo otro momento como este.

No es que me alegre, no.

No es que esté triste, no.

Sólo es que estoy y distendido.

Ni lamentos ni celebraciones.

No sé quién o qué me regala esta porción del Nirvana pasadas ya las 11.

No sé cómo cerrar esta enumeración, si es que lo es, y no me importa.

La dejaré en puntos suspensivos para ver cómo se anuncia la tarde.

¿Parirá el cielo estrellas nuevas esta noche?

Da igual: mi vista es corta y sólo veo las más brillantes.

Las demás las adivino.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Exonerados

 


…Y no es mi culpa, ni tuya, ni de nadie.

Si alguien se frota la nariz o se cierra  una puerta.

Si sale el sol con cubrebocas o exultando furia.

Las losas reventadas del malecón…

Los locales eventrados…

Destechados, con las palapas por los suelos…

Los bares cerrados o quebrados…

Los restaurantes vacíos…

Los edificios desahuciados…

Las iglesias condenadas…

Las feligresías dispersadas…

La fe tambaleante…

Las calles silenciosas y desiertas…

Las cortinas bajadas…

Los muertos de todos los días…

Los trabajadores en paro, los despidos…

La fecha incierta del regreso…

No somos Edipo ni nuestra ciudad es Tebas.

No matamos a nuestros padres ni nos acostamos con nuestras madres.

No trajimos nosotros la peste a la ciudad.

No hay culpables de ésto que nos pasa.

La pandemia no es el castigo de un pecado…

Es un virus ciego que oscila entre lo inerte y lo animado…

Una broma de natura, como los terremotos o los huracanes…

Nuestro encierro no es castigo ni es eterno.

Toma tus pastillas y duerme sin contrición.

Créelo: la ciencia busca una cura, no un culpable…

En este asunto la Fiscalía General de la Nación no tiene parte.

domingo, 13 de septiembre de 2020

Equilibrio

No puedo escribir poesía por ahora. Me siento demasiado sólido, compacto, monolítico, hecho de carne y hueso y sangre, sustancias todas compuestas de los elementos adscritos a la Tabla de Mendeleiev. Hierro y azufre, litio y potasio, agua y albúmina. Todo demasiado fisiológico, todo es órgano y función, incluso los estados de ánimo. No estoy para emocionalidades enfermizas, apegos sin sentido. Mi autopercepción, por hoy, cancela la poesía. ¿Qué tiene de exquisito un diente hecho de calcio o una uña de queratina o un corazón que es sólo un compendio de músculos, una bomba que en sístole y diástole dispara oxígeno?, ¿una piel que se descama todo el tiempo y se regenera según los alimentos consumidos y el metabolismo? No, hoy no estoy para poesías, hoy no hay espíritu, sólo químicos que disparan o no reacciones en los neuro-receptores de mi cerebro. Nada hay en mí que por ellos no esté condicionado. Y no me siento mal por ello.Me despido hoy de la poesía, el desequilibrio, el desbordamiento emotivo, el sufrimiento. No hay nada mal en mí. Es el mundo el que está mal, pero eso no me da para un poema y ahorita no tiene caso lamentarlo. ¿No ha estado siempre así o peor? No puedo hacer mi tema del malestar ajeno. Hoy no estoy para empatías. Me absuelvo hoy de la poesía. He caído antes pero en este preciso momento no siento necesidad de vértigo.

jueves, 10 de septiembre de 2020

Procastinación

No lo procastines más, por favor. Deja de dar vueltas en la cama con los ojos apretados intentando retener la confusión del sueño. Lo sé, la realidad es terrible, alucinante, azotada por el sol o la tormenta. Tus relaciones con los demás son imposibles en la pesadilla. También sé que estás solo pero éste no es el momento de salir a las calles y revolverte con las multitudes porque otro fantasma recorre al mundo. Lo hiciste una vez: fuiste y te plantaste a un costado del parque sin el cubrebocas, que te tiene harto. Menos de cinco minutos después, en la misma jardinera, dos ancianos, uno de ellos que tosía sofocadamente dentro de su mascarilla, y una pareja de jóvenes. ¿Por qué tú sí me tocas?, le preguntaba ella a él y tú como si nada, recostado en la jardinera con tu caja de zapatos nuevos como almohada. El viento norte te llenaba la piel y las narinas complacidas. ¿No percibes el riesgo que corriste? Ya habrá, más adelante, oportunidades de salir, de convivir con tus amigos en una terraza, de beberte unas cervezas, pero por favor no procastines más el despertar. No lo sabes pero casi son las 11 de la mañana. Vamos, abre los ojos, ciérralos, vuélvelos a abrir y déjalos así, fijos en cualquiera de los cuatro muros de tu cuarto, de tu cárcel y ten paciencia y espera a que pase la pandemia. Lo sé, el encierro no es fácil, dos metros de distancia son el infinito, pero pasará, te lo prometo. Tendrás de nuevo las calles, y a tus amigos, y el beso y el abrazo y la noche y las lucecitas de colores de los bares. Pero por favor ya no lo procastines. Anda, ven, abre los ojos a tus paredes amarillas y mantén cerradas tus puertas y ventanas y contén tus ansías de salir corriendo por las calles, semidusnudo, y gritar que estás harto de este mundo y la paradoja de despertarte a una realidad alucinante que se ha tornado invernadero y cárcel.

jueves, 13 de agosto de 2020

El viejo

Sobre el papel la pluma se desliza

con lentitud de una fugaz tristeza,

muy lejos de la vida y la destreza

que en juventud probó en la liza.

 

Hoy el pendón del triunfo no se iza

y del árbol caído la corteza

asiento es de sus canas y cabeza

y las nubes del cielo llevan prisa.

 

De todas sólo queda una certeza:

pasó el tiempo cuando terraza y brisa

lo embriagaron de oxígeno y cerveza.

 

Sus antiguos ardores son ceniza

más no por eso pierde la entereza:

a campo abierto luce una sonrisa.

lunes, 27 de julio de 2020

Síndrome de abstinencia













Una sucesión de negaciones
mientras el ansia pasa
/cada vez estás más cerca/
Una sucesión de postergaciones
los dramas de tu vida
/una incisión, un mal recuerdo/
Procastinar la visita al psiquiatra
-aunque sabes que la necesitas-
al experto en adicciones
por carencia económica.
A tal miseria te ha reducido tu adicción.
Para salir de este hoyo
no tienes más que tomarte por el pelo
con ambas manos y jalar hacia arriba.
Sólo estás haciendo tiempo
dándote una razón más o menos racional
para no recaer en el préstamo
o el robo para adquirir tu soma
tus cajetillas de cigarros
tu tos tu asfixia tus reflujos tus gargajos.
Ahórratelos, ahonda en este no poema
pero resiste a la ansiedad
al síndrome de abstinencia
mientras llega el auxilio terapéutico
que no puedes pagar
y que, además, no sabes si funcionará.
También la voluntad es fisiológica.
Tómate tu licuado y tus vitaminas
y espera por favor a que pasen
el apremio y la pandemia.
Cuando te des cuenta
quizás lo hayas logrado…

viernes, 24 de julio de 2020

De la envidia



Quien por coerción interna o externa coarta sus propias libertades no tolera que los demás las ejerzan libremente.


sábado, 18 de julio de 2020

Sobreseído

El viejo. Rubens.

Si lo que hice a los 7, a los 13, a los 15, a los 17, a los 24, a los 30 o los 40 pudiera volver a hacerlo a la luz y la experiencia de mis 50’s, mi vida sería otra. Sería una vida perfecta. Pero eso no existe, no le está permitido a nadie volver en el tiempo y corregir. Por eso no hay que juzgarnos con tanta dureza. Si lo que sé ahora lo hubiera sabido entonces… quizá si no me hubiera equivocado entonces no sabría lo que ahora sé. La luz de ahora me dice que debo juzgar según las circunstancias del momento en que cometí mis errores. No tenía entonces las herramientas que ahora tengo. Repito: no debo juzgarme con tanta dureza. Los errores están sobreseídos. Y sólo yo, que conozco mis circunstancias de entonces y de ahora, puedo exculparme y perdonarme. Haz tú otro tanto.

viernes, 26 de junio de 2020

Corona beer



















Al malicioso virus que me ronda
dibujando en el aire malabares
con manos de decires singulares
da igual que con desprecio le responda.

Si a su tránsito es, pues, todo rotonda
y muy más virulento es que sus pares,
puedo darme una vuelta por los bares
y a mi cigarro una calada honda.

Su alucinante forma en estos lares
no me ha de desdeñar, estoy seguro,
pues aquí el que no grita, vocifera.

Regenta el bar la coronada esfera
y el lábil alcohol funge de bromuro;
ebrio ya, morir puedo sin pesares.

martes, 16 de junio de 2020

Transición

El pasado es un país de orografía crispada.
El futuro una patria nueva, pero incierta.
Habito la frontera del presente, entre ambos:
Una transición continua.

A golpes de aire


También con las palabras se hacen cárceles.
Ideas y conceptos tan etéreos y tan firmes,
catedrales de palabras que atan al dogma y al rito,
cielo, infierno, purgatorio, limbo, normas, leyes,
salvación y perdición, condicionado todo
a portarse bien según las escrituras
y la interpretación de sacerdotes y pastores
¿quiénes se salvan y quiénes lo deciden?
El inmenso edificio del partido
hecho de principios y estatutos
que han de ser respetados
o serás expulsado o fusilado
por no ser obediente, por no aceptar,
por cuestionar las reglas de pertenencia.
Familia, gran palabra en la que cada quien
se acomoda como puede;
a algunos les toca suelo
porque no alcanzaron ni sofá ni cama;
gran palabra que asfixia
con odios y dependencias
que algunos confunden con el amor,
que no conocen y, cuando se percatan,
se van entonces a vivir las calles y los parques,
a poblar esas regiones que de noche
son de nadie y a nadie pertenecen.
Patria, mapa fragmentado
en el que no encuentras tu sitio.
Quizás renunciar a tu religión,
tu partido, tu familia, tu patria,
tu equipo deportivo te deje desasido,
pero es el principio de un lenguaje nuevo,
las palabras nuevas que tendrás que inventar
para fabricar tu propia estancia, tan grande
o tan pequeña como tu léxico y tu propia cosmogonía;
no es el Nirvana todavía, pero es un camino.
No lo desperdicies. Avanza.

lunes, 18 de mayo de 2020

Bajo sospecha

Sospecho de tus manos, con sus 27 huesos cada una, recubiertas de sus capas corneas y robustas, ricas en tejidos adiposo y conectivo, suavemente almohadilladas y sensibles a la presión, de su abundancia de glándulas sudoríparas, sospecho de su delicada venatura. Manos que ¿amaba o amo? y que ahora tocan y cocinan nuestros alimentos, sea fruto, verdura, empaquetado; sospecho de los billetes y monedas que contaste con tus dedos a la perfección articulados; sospecho de tu ir y venir a la tienda, al super, al cajero del banco y sus múltiples botones que presionas. Tus manos que no se detienen: comprar, cocinar, servir la mesa, lavar, arreglar la casa, la recámara, barrer, trapear, lavar, planchar. Sospecho de tus ropas y tu piel que retienen al virus activo por demasiados días, como sospecho de las manija de la reja, los pomos de las puertas de la casa, las llaves y perillas de los baños, la cocina, las agarraderas de los cajones de los roperos, las ventanas; sospecho del teclado, del mouse, del botón de encendido de la computadora que ayer utilizaste; sospecho del aire encerrado del coche y del volante, la palanca de velocidades y la llave de encendido, del aire de la casa toda; sospecho del control de la televisión y sus botones minúsculos como los del radio o el control del clima; sospecho de las teclas y del auricular del teléfono y no quiero hablarle ni responderle a nadie.
Tanto que me gustaba recorrer tu cuerpo, tu boca, tus genitales, tu piel,  tus abrazos y ahora... ahora tus manos y mis manos, también hechas para las caricias, se han vuelto potencial e inocentemente asesinas. Sospecho de tu aliento sobre la almohada, las sábanas, los cubrecamas y cuando finalmente me mudo a dormir al sillón sospecho del descanbrazos y descubro que este virus se interpone entre nosotros como espada al rojo vivo y está matando por asfixia a este amor que algún día ¿tanto hace? nos tuvimos. Sospecho de la firmeza de quererte y me pregunto si tú no abrigas respecto a mis manos, mi persona, idénticas sospechas. Pero no me decido a preguntar ni a irme. Como si para salvar al amor bastara con darle al corazón una baño de espuma, pero no es posible, amor, ni es suficiente.

domingo, 3 de mayo de 2020

Covid-19


















Racionalizas tus argumentos para aislarme
Para hacerme sentir culpable
Eres  el fiscal, el juez, el celador, la celda y el verdugo
Además, aparte de mí me haces sentir que no hay otro responsable
En soledad viví y en soledad vivo
No fue mía la culpa sino del mundo
Que me canceló la menor posibilidad de un vínculo
Ahora estoy a tu merced
No sé si alguien sabe que vivo
Y si lo sabe ¿vendrá a rescatarme de ti, de mí, de este cuadrángulo?
Sólo de mi soledad sé y es una loza que no me permite levantarme
Tú ganaste
Soy un prisionero tuyo aunque no te reconozca
No importa, tú ganaste.
No puedo escapar de mi cerco de aire
De mis muros de silencio
Del vacío de mis manos
De la carencia de destino de mis pies
No te bastó con empobrecerme
Con verme mendigar una palabra, una sonrisa, una caricia
y fracasar indefectiblemente
No es suficiente para el odio que me tienes
Ahora reclamas mi vida.
La tendrás, por supuesto
Nada te es suficiente
Absurdo sería que no tomaras lo que decretaste tuyo
Una última gracia me concedes:
La soga con la que he de ahorcarme:
La cajetilla de cigarros,
el ahogo y la asfixia,
el Covid-19.

lunes, 27 de abril de 2020

Este frasquito no, Alicia

-Este frasquito no, Alicia
-¿Y por qué no?
-Porque éste no sirve para hacerte más grande ni más pequeña. No te ayudará a salir de aquí.
-¿Para qué sirve entonces?
-Sirve para desaparecer.
-¿Y a dónde vas cuando desapareces?
-A ninguna parte. Sólo desapareces y ya.
-¿Y si me dieras sólo la mitad?
-No sé qué pasaría. Podría desaparecer tu parte izquierda o tu parte derecha. O tu parte de arriba o la de abajo. O tu parte de adentro o la de afuera. No creo que sea buena idea.
-¿Y porqué no lo haz tomado?
-Porque estoy loco.
-¿Cómo entiendo eso? Se supone que aquí todos lo estamos. Es requisito.
-Lo guardo para cuando enferme de cordura. Sólo locos podemos soportar esta realidad intolerable. Mientras esté loco puedo resistir, pero cuando me vuelva cuerdo no podré soportarlo más, me conozco bien. Lo guardo para entonces, Alicia. Para entonces.

lunes, 20 de abril de 2020

También aquí amanece


Y gracias
a la fecha,
o a pesar de ella,
también aquí,
también aquí amanece,
 y también hay árboles
y pájaros en los árboles
y trinos y gorjeos en los pájaros
y perros como peatones
o encerrados en los patios
y ladridos en la garganta de los perros
y el chirriiiiiiiido de un coche que derrapa,
sólo derrapa…
Voz, voces, de los predios vecinos
o en la arteria abierta de la calle.
Todo llega hasta mí,
hasta mi cuarto,
en el aire que se cuela
por mi ventana
a medias abierta…
Sonidos, ondas, vibraciones
que no pretendo descifrar.
Hoy, por lo menos hoy,
no son señales ominosas…


Mexamérica: una cultura naciendo


Primera edición: agosto, 2017
D.R. © Fey Berman
D.R. © 2017, Comunicación e Información, S.A. de C.V.
edicionesproceso@proceso.com.mx
Impreso en México / Printed in Mexico.



El milagro de la comprensión
Sumando varias perspectivas, 
varios sistemas de referencia; 
reduciendo unos sistemas a otros; 
teniendo en cuenta la relatividad de todos ellos, 
y su interdependencia para un ojo omnipresente 
que acertara a mirar el cuadro desde todos los ángulos a la vez, 
nos acercaremos al milagro de la comprensión.

Pasado Inmediato
Alfonso Reyes/1942

En pocas palabras, el fenómeno mexamericano es resultado de la diáspora
más grande del planeta. No exagero: la diáspora más grande de la historia en el planeta.

Fey Berman

¿Cómo logra Fey Berman, quien se asume como mexamericana, lograr un retrato integral (o “casi”, que es, desde luego, solo un término prudencial porque probablemente existan otras interpretaciones, otros puntos de vista, que pudieran matizar o divergir de sus asertos), “(…) el milagro de la comprensión” del que habla Alfonso Reyes? Sencillo: 30 años viviendo en los Estados Unidos de América, una maestría y un doctorado en artes por la Universidad de Nueva York, y una continuada, exhaustiva, comprometida labor periodística y de investigación en la última década, y su amor y empatía –no tengamos miedo de usar estas palabras-, por su comunidad, confirman su derecho y le dan la autoridad académica para hablar de su mexamericanidad, puesto que, insertada en ella, mejor la ha estudiado y es la que mejor conoce.
De entrada, Fey nos sitúa en el hoy y el ahora de su comunidad:
“Son tiempos difíciles para los mexamericanos. Tiempos en que una narrativa llena de odio y sustentada en la ignorancia nos describe como criminales y como ladrones de empleos. Una retórica que, además de falsa, nos simplifica: da a entender que somos una masa uniforme, uno idéntico al otro, y que podemos ser fácilmente definidos con una simpleza anecdótica: “son mexicanos que cruzaron la frontera para trabajar en los EUA”. Porque somos muy diversos, porque el cruce de la frontera, legal o ilegal, es apenas un detalle de lo que somos y en lo que nos hemos ido convirtiendo, porque somos de cierto participantes de una cultura naciente, y distinguible, decidí publicar este libro de ensayos acerca de la presencia mexicana en Estados Unidos. Un tema que, por cierto, hasta ahora ha sido escasamente abordado”.

Lunes

El día se palpa frío.
¿La claridad? Meridiana.
Es inicio de semana
y adivino calmo al río.
Afuera el jardín umbrío
y su alfombra de hojas muertas...
Pasadas causas inciertas,
ayer o anteayer ha hablado:
no se había comunicado
porque su cel le fallaba.
¿Qué tal yo, qué cómo estaba?
Calmo, un remanso triste
al margen de la corriente…
Dijo que hoy, tal vez, vendría
a pasar conmigo el día.
Mas conozco sus promesas
que llegan como remesas
en muy postergadas fechas;
pero hoy no estoy para endechas
y por más fiel compañero
tomo el café mañanero
de un cigarro acompañado.
Corazón que ya ha olvidado
de Cupido, ardor y flechas.



La muerte de Miguel Páramo

Caballo desbocado en la pradera,
de los perros aullidos y ladridos,
atorados los pies en los estribos
se aproxima el muchacho a la ladera.

Las bridas no controlan la carrera
y en la niebla los ojos detenidos,
ojos claros de oscuridá ateridos,
grita un grito que ya no acepta espera.

De piedra el lienzo, ya Miguel caído,
agoniza al igual que su caballo,
balbuce una oración y el alma exhala.

No es más que otro fantasma de Comala,
fantasma entre fantasmas me lo hallo,
del pueblo no se irá y aún no se ha ido.

Heráclito


I
Si no se baña dos veces
el hombre en el mismo río,
por lo que toca a amoríos
¡qué caídas y reveses!
Cuando no creces, decreces,
es ley de naturaleza…
Se necesita entereza
al percatarse aún en vida,
que solo hay una partida
juegues o no con destreza.

II
Me río de mi torpeza:
mi madurez relativa
ha veces queda cautiva
de una escrita ligereza.
Por decirlo con llaneza,
me prendo de una minucia…
Mas luego me dice astucia
que el autor de tal escrito
se vería muy contrito
junto a mis claveles fucsia.

III
Si Heráclito tiene razón
y nada pasa dos veces,
ya recibirá con creces
enseñanza a su sinrazón.
Y no ha de ser su corazón,
sino su edad, la maestra…
El tiempo con mano diestra
se lo dirá en su momento,
la madurez no es tormento:
yo soy el botón de muestra.

Fata Morgana

Paso de la ebriedad a la locura,
venenos que la realidad secreta,
mas lo hace de manera tan discreta
que a la vida disfraza de cordura.

Una vez descubierta la impostura,
ebriedad y locura se hacen treta:
cegarme a la ilusión que se concreta
en hueso, carne y sangre, arquitectura

feble que se entrelaza y desfigura.
Y nominan ‘amor’ la enredadera:
estrellas, flores, peces, desmesura

de perfume y color, la vil quimera
en pasarela finge una hermosura
llamada juventud o primavera.

domingo, 19 de abril de 2020

Teseo y el Minotauro

No fue tan larga ni oscura
mi incursión al laberinto
do esperaba el variopinto
-mitad hombre, mitad miura-
monstruo oculto en la espesura
de algún pasillo sucinto
en su enredado recinto
de mármoles sin fisura.
Ver y embestir mi figura,
impulsado por su instinto,
en sangre lo dejó tinto:
mi espada tajó segura.
Uncida a un muro clausura
-(en celda que ya precinto)-
horror antiguo, ahora extinto:
su testa… y su catadura.


jueves, 16 de abril de 2020

Souvenir

Yo no he prometido nada
mas te dejo de recuerdo
si estás de común acuerdo
en torzal de oro engarzada
una perla que forjada
en la ostra costanera
es una muestra señera
del amor que nos tuvimos
y que si hoy nos despedimos
es porque el amor no muera.

Argos


No sé si con razón o sin ella, pero siempre me había sentido como un monstruo. En realidad, creo que sólo era cándida, estúpida. Pero todas mis simpatías infantiles, cuando leía un comic, mi empatía por las canciones y las películas tristes de mi adolescencia, mi solidaridad con los personajes marginales y extremos me ponían siempre del lado de los condenados, los malditos, los perdedores. Con los villanos desaforados que estaban eternamente enfrentando héroes que, previsiblemente, siempre ganaban. Me resultaba fácil identificarme con ellos, sufrir con ellos, perder con ellos. Por eso, cuando Argos apareció en la puerta de mi casa ofreciéndome un ramo de rosas, me venció la compasión: la vida me cortejaba – me cotejaba - con un monstruo de verdad, y no con uno cualquiera, sino con uno que, con sus múltiples ojos, me veía tanto por dentro como por fuera. Y como me veía por entero, me entendía por entero. Al menos eso pensaba yo. Ese mismo día me fui con él. No me interesaba saber a dónde me llevaba. En él se cumplían mis fantasías y mis esperanzas. Fueron largas las horas de interminable carretera: una recta infinita que con su señalética infinitamente recta me durmió en sus hombros. Me encontraron muerta y cegada en el cuarto de un motel. Argos me había arrancado los ojos y, supongo que cuidadosamente, los incrustó en su propio cuerpo. En las sienes de su cabeza. Ahora siento y pienso sólo con estos ojos, que ya no son míos, sino de Argos. Es mi función vigilar lo que sucede a su izquierda y a su derecha. No duermo nunca. Él no me lo permite. Ahora mismo estamos entrando en una florería. Ha comprado un ramo de alcatraces. Pronto, engalanado y dueño de mis ojos, estamos tocando suave, delicadamente, como lo hace todo pretendiente, en otra puerta. Parece que ahora quiere ornamentar las plantas de sus pies. Yo pienso en su corpachón inmenso, y no puedo evitar sentir una infinita lástima por la muchacha torpe, ingenua, atolondrada que nos abre su reja.

O...


Quizás ese fue mi yerro,
no aquilatar tu presencia,
porque ahora con tu ausencia
más se ahonda mi destierro.
Y aunque la cama es de hierro
en sus dimensiones crece...
... o sólo me lo parece:
seguro es que en el recuerdo
si un sólo lunar te pierdo
es mi ser que empequeñece.

Mi doble

Te encontré en la cantina, naturalmente. Idénticos como dos gotas de agua. Lo más natural, después de la sorpresa, fue compartir la misma mesa. Brindar, reconocernos, hacernos las confidencias de rigor y descubrir que nuestra experiencia y hojas de vida eran iguales. Uno de los dos era un espejo del otro, pero ¿quién? Varias copas después estábamos abrazados y cantando. Unas más y lloramos juntos. Cuando ya de madrugada cerraron el bar te invité a mi (nuestro) departamento. El café y la luz del alba nos espabilaron. Uno de los dos tenía que morir: no tenía sentido replicar el interminable perjuicio. Lo echamos a la suerte. Tú perdiste. Lloré cada una de las páginas de mis memorias a medida que iban cayendo en la chimenea.



lunes, 13 de abril de 2020

El jardín de la señora Murakami.

Título: El jardín de la señora Murakami
Autor: Mario Bellatin
Editorial: Tusquets Editores México
Lugar de edición: México, D.F.
Año de edición: Agosto/2014
No. de páginas: 107 pp.


Llevar la cara desnuda es mala señal.
La señorita Izu

Los riesgos de la inteligencia ante la astucia
Narrada por Mario Bellatín con un distanciamiento calculado que sobrecoge, con una prosa exacta, sobria, perfecta como los estilizados, parcos y sublimes elementos que componen El jardín de la señora Murakami, ésta, mucho más que una novela, es la fría y tajante advertencia de que la sola inteligencia, inadvertida e ingenua, caerá siempre brutalmente vencida ante una astucia que busca y logra avasallarla. Quizás aquí, la palabra castellana 'astucia', que sugiere una habilidad teñida de malicia, pero habilidad que no deja de ser humana a fin de cuentas, debería ser remplazada por el término inglés 'sly', referido a la capacidad puramente animal de emboscar, sitiar, someter y destruir a su presa con una sevicia absolutamente privada de escrúpulos. Que de eso trata esta pequeña gran obra maestra de exactas cien páginas, más una esclarecedora addenda de cinco: la cacería despiadada de la intelectualmente sobredotada señorita Izu, estudiante universitaria de Teoría del Arte, finalmente reducida a la condición de esposa-sierva del poderoso y maduro señor Murakami, porque se atrevió, en un agudo y acertado ensayo, a criticar sin miramientos las inconsistencias de la más prestigiada colección de arte de la ciudad, humillando de paso, sin pretenderlo, a su rico propietario, el señor Murakami, que con resentimiento y odio contenidos, inicia la trama de su venganza, que no tiene otro objetivo que silenciarla y anularla.



Amores a tarifa variable


Qué te habrás hecho, amor, qué te habrás hecho,
qué de la miel quemada de tus ojos;
aún mi piel guarda de tu piel antojos
y mi ansiedad de ti no tiene techo.

Como la tarde, amor, estoy desecho...
Ya las estrellas son del día cerrojos,
luminarias que de la noche abrojos
alojamiento encuentran en mi pecho.

Dónde habitas, amor, en dónde habitas,
en qué lechos subastas tu maestría,
con quién, amor, que no soy yo, cohabitas.

Y que no me haya muerto todavía,
en coitus interruptus de mis cuitas,
no sé si es esperanza o cobardía.

Me dicen...


...que nadie tiene mis huellas dactilares.
...nadie, el iris de mis ojos.
...nadie, las huellas de mis pies sobre la arena.
...nadie, el follaje del árbol dentro de mi cabeza.
...que el glifo de mi corazón es intraducible a ninguna lengua conocida, viva o muerta.
...que soy una singularidad, una rareza.
...una disidencia de todo y del todo.
...pero puesto que soy, también disiento de la nada.
...alguien incluso dudó que fuera humano.
...otro añadió que pudiera no pertenecer a este planeta.
...en una palabra: que no tengo semejantes, que estoy absolutamente solo.
Dicho lo dicho no pude contenerme: me solté a llorar desconsoladamente.
Eso los desconcertó: me parecía tanto a los demás cuando lloraba...
Pero no fue suficiente. Me pidieron amablemente que me fuera.
Que desapareciera de sus vidas.
Ya he dejado de llorar. Sólo me queda la tristeza.
Busco un refugio.
Estoy pensando en un desierto, una isla, una caverna...

Trampantojo


Trampantojo

No hay peor ciego que el que no quiere ver. ¿O el que no puede ver? Decidan ustedes. El caso es que un día desperté, calenté una taza de café y me puse a leer mi periódico. Digo "mi periódico" porque ahí es donde trabajaba. Una nota llamó mi atención. Por una cuestión que no recuerdo hubo un desacuerdo entre un grupo de colonos y se armó una trifulca sin víctimas de consideración. Pero una de las fotos y su pie, despertaron, primero, mi indignación profesional y, segundo, una inquietud, una duda, una incertidumbre. El pie decía, aproximadamente, pero sin lugar a dudas que, en el enfrentamiento, hasta "una pobre anciana había sido agredida violentamente por una joven". El punto chocante del asunto era que la fotografía, en blanco y negro, mostraba exactamente lo contrario: una anciana con el pelo entrecano, con un vestido claro, ubicada detrás de una joven, la tironeaba del pelo. Un absoluto divorcio entre la realidad fija de la imagen y el pie de foto. La imagen refutando taxativamente lo que el pie decía. ¿Cómo explicar este error puramente periodístico, pero inquietante por lo que implicaba? Entiendo que diferentes zonas del cerebro controlan diferentes sentidos y habilidades del cuerpo: la vista, el oído, el olfato, el tacto, el gusto, el habla, el movimiento de nuestras extremidades, etc., etc. La pregunta es ¿el fotógrafo que tomó la foto y escribió el pie contradictorio tenía bien conectadas las zonas cerebrales que van de la vista a las zonas que controlan el raciocinio y la conciencia, que le hubieran permitido interpretar correctamente la realidad que fotografió?  Hoy la neurociencia nos dice que, en nuestra percepción de la realidad, el ojo, la vista, representan sólo el 20 por ciento. El otro 80 por ciento es la interpretación que hace el cerebro de lo que los ojos, la vista, le hacen llegar. Inquietante. El punto es que el fotógrafo entregó fotos y pies al reportero que tampoco notó el garrafal dislate. El reportero entregó el material al editor(a) que tampoco lo notó. Las jefaturas de redacción e información tampoco lo notaron. Y así se publicó. Y así aparecía en el periódico que en ese momento yo tenía entre las manos. Pero yo noté el dislate. ¿Y los lectores con qué se quedaron?, ¿con la información pura y dura de la imagen, una anciana violentando a una joven, o con el pie contradictorio que “describía” a una joven violentando a una anciana? No tengo la respuesta. Pero si malinterpretaron el fotógrafo, el reportero, el editor(a), las jefaturas de redacción e información ¿por qué no habrían de hacerlo también los lectores? Me sentí en un mundo poblado posiblemente por ciegos, por una mayoría hipnotizada por el poder de la palabra, oral o escrita. Yo estaba confundido.

Sé que en los ojos hay un punto ciego y que el cerebro nos engaña. A la manera de un programa de diseño que toma los píxeles que lo rodean y "cubre" ese punto ciego mostrándonos un panorama “completo”

Podría haber una explicación psicologista más simple: si tomas a una persona cualquiera, como muestra, y le cuentas que has visto pelear a una mujer joven y a una anciana, y no le cuentas el resultado de la pelea, la persona dirá, casi seguramente: ¡Pobre viejita! Quizás eso pasó con el fotógrafo, el reportero y todos los demás filtros periodísticos: es inviable que una anciana venza a una joven y dieron por hecho lo contrario: que la joven había agredido a la anciana, contra la tajante evidencia de la foto.

911


Y este 6 de febrero 
tan igual al 5, al 4, al 3, al 2, al 1
Soleados días invernales
que no rompen la anhedonia
Estos bolsillos vacíos
Estas tarjetas sin saldo
Este no desear nada ni a nadie
Esta iluminación que no es Nirvana
Este momento al que sucede otro momento
en el que no sucede nada
Este dejar hacer dejar pasar
Este valemadrismo
Este olvidar religión ideología raza nación
Máscaras que cayeron al camino
y no vale la pena fabricarse otra
Esta pérdida de móviles de acción
Esta carencia de dopamina o litio en el cerebro...
Estos ojos  oscuros que lo tiñen todo de gris neutro
porque Dios maldijo esta Babel
y ya no queda nadie que entienda
que todo camino es laberinto
Y que haya un Minotauro o no,
tampoco importa...

33 grados a la sombra

Casi las 14:00 horas. Alrededor del mediodía desperté. Un silencio que no dice nada. En la lengua nicotina y cafeína. En cuerpo y pi...