miércoles, 6 de abril de 2022

Sintomatología

 

No corregir este texto es sólo un síntoma. Los otros son los otros. Tres, cuatro, cinco días sin bañarme; los mismos que no me rasuro ni me cepillo los dientes. Hacer sin hambre las comidas. La primera del día a las cuatro de la tarde, o, mejor, a las cinco o a las seis. Cena ligera a eso de las once y nada más. Tomar pastillas para el sueño o no llega el bien dormir. Haber perdido, porque intentaron evangelizarme, a los dos únicos que creía mis amigos pero que no lo eran. Sólo buscaban reclutarme para que sancionara sus debrayes religiosos. Vestirme de riguroso blanco y negro cuando obligado, y sólo obligado, salgo a la calle. Empezar los libros y no terminarlos. Escuchar una y otra vez las composiciones musicales, sin la crispante voz humana, de Chopin. Postergar, porque me falta fuerza, vigor, ánimo, la visita con un loquero que me dirá, en una palabra, lo que ya sé que tengo: depresión mayor. Nada nuevo. Sólo el acumulado experiencial que va desde mi infancia hasta mi jubilación. Vivir cada día me ha costado una pequeña muerte y veo, en esta, una esperanza, una cura, la respuesta definitiva a mi queja eterna con la vida. Fluoexetina quizás me recomiende, esto es, una ataraxia inducida. Que ya nada me importe, como no me importa, pero de otro modo. Una prótesis para mi psique. Algo leo sobre ella. En ciertos casos, niños, jóvenes y adultos desarrollan o acendran sus tendencias suicidas. Quizá ese sea el empujón que necesito. Sólo eso me impulsa. Me levanto de la cama, apago la música, me baño, me rasuro, me visto, salgo, abordo el taxi que me llevará al consultorio del psiquiatra que, confiado, extenderá la receta para el medicamento que me dará el valor. Y él nada sabe. Sólo que será una única visita. Lo sabrá después, quizás, si oye las noticias o lee la nota roja de los diarios. No sabrá cómo sentirse culpable si fue sólo una sesión, una consulta. ¿Cómo podría saber que yo sabía lo que él sabe? No que excedería la dosis, no, ni que visitaría a otro psiquiatra para surtir las dos recetas. No, no eso, eso no lo sabría. Yo hablo de los efectos secundarios. Que no sé por qué, en este caso, los llaman así, siendo tan principales.

martes, 5 de abril de 2022

Estrategia

 












Nuevamente perdí batalla y reino
pues todo muro es para Argos feble;
sólo salvé mi cuerpo, bien que mueble
astroso, en ríos nuevos lavo y peino.

En cegadora ruta, como un Deino,
no hay guarida con un posible amueble,
hogar no hay que con decoro pueble
y no me place menos que un virreino.

No tuve entrenador, son tan inermes
ante criatura no domesticable.
Hombre soy pese a mi temible aspecto.

En mente tengo ya mejor proyecto:
tornar y echar al Argos despreciable
al pastoreo musical de Hermes.

domingo, 3 de abril de 2022

Patitas de puerco en escabeche


Debido a que soy mayor que mis otros tres medio hermanos, la carencia económica y la exigencia familiar fue tajante: tienes que trabajar. Fue así que interrumpí mis estudios y conseguí empleo como despachador en una gasolinera. No tenía -ni tengo- las credenciales para aspirar a algo mejor y más remunerado. Ni gano lo suficiente para independizarme. Quizás, como esos presos que regresan una y otra vez a la cárcel, estoy “institucionalizado”. No recuerdo que alguna vez haya sido diferente: la violenta aversión de mi madrastra y mi padre secundándola.

No contaré -al menos no por hoy-, el historial de golpes, insultos, omisiones y postergaciones deliberadas de que fui y soy víctima. Para ilustrarlo, lo haré con una sola anécdota. Hoy voy a hablar de patitas de puerco en escabeche, mi platillo casero favorito. El sabor del cuerito envinagrado, los chiles xalapeños en rajas -¡bendito sea quien le agregó las rodajas de zanahoria!-, el caldillo grasosito en que sobrenadan las patitas del puerco ¡Dios, cómo explicarlo! Quizás haya que vivir mucho tiempo en la carencia para entender mi gusto exacerbado por este platillo.

Ya que estaba trabajando, e ingresando dinero al chivo familiar, para la despensa pues, con mi primera quincena, añadí 500 pesos más a mi contribución y le hice un pedido especial a mi madrastra: para celebrar que tenía trabajo y dinero, quería comer, al siguiente día, patitas de puerco en escabeche. ¿Cómo habrá sido su mirada? No la recuerdo con precisión, pero fue distinta. Iluminada, pero, lo sabría después, no para bien.

Efectivamente, al día siguiente me sirvieron un rebosante plato de patitas de puerco en escabeche. ¿Porque me las gané, porque las pagué?, no lo sé, pero me supieron a gloria. A los 14 años, por mal que nos haya tratado la vida, no tenemos la malicia ni la maldad de los adultos. Hoy comprendo, tardíamente, que cometí un error al confesar a mi madrastra, sin darme cuenta, mi gusto por las patitas de puerco en escabeche. Hace cuatro años de este día que les cuento. No las ha vuelto a cocinar. Y yo, por soberbia, por orgullo, por el respeto que me debo a mí mismo y aquí me niegan, rehúso pagar otros 500 pesos para volver a probarlas.

El que me sigue de mis hermanos se ha integrado recién a la fuerza laboral y colabora ya con el chivo familiar. También él ha hecho el pedido de una comida especial a su madre: puerco a la Coca-Cola. Me quedé frío: ella lo ha mirado luminosamente, como me miró a mí cuando pedí mis patitas de puerco en escabeche. En el hecho de que se trate de su hijo y no de su hijastro, confío que la luz que despidieron esos ojos signifique algo distinto de lo que significó para mí. Que si no ¡ya me chingué de nuevo!

 


sábado, 2 de abril de 2022

La hoja en blanco

 












El tema, al día de hoy, es la hoja en blanco
que tiene más historia que mi historia,
que cuenta del silencio la victoria,
en vez de mis palabras, lago estanco.

Pretérito celoso alarga el tranco
por dar color al vacío de memoria;
mas contada está ya toda la gloria
y apenas si camina en sólo un zanco.

El presente no pinta, y el futuro,
sin paleta, pinturas ni pinceles,
como yo, falto está de tema y muro.

Escarnio formulado con pixeles,
de blanca risotada y texto oscuro,
porque a mi muerta sicodelia veles.

Franco, libre y de civil...

 



 






Desconozco donde tu cuerpo empieza,

ni si donde termina es importante,

pues la luz de la luna está menguante

y en mi propia ebriedad mi pie tropieza.

 

Breve es la superficie de mi pieza,

mi piel de tu sudor equidistante,

más precario el suspiro que el instante

en que mi mano toca la tibieza

 

del flujo de tu sangre que vibrante

en mi cama se tiende esclarecida.

Náufrago de cerveza coruscante,

 

marinero olvidado del sextante,

cohete, pólvora, mecha que encendida

chisporrotea de deseo apremiante.

viernes, 1 de abril de 2022

Exento

 

 Este ‘vivir en mí’ me está matando;
nada en mi vigilia, nada en mi sueño.
Sospecho que de mí ya no soy dueño:
no sé siquiera lo que estoy buscando.

Me digo que, en gerundio, está luchando
la Vida que en mi desierto ensueño,
la libertad, el hecho que halagüeño,
en vertical urdimbre está tramando

mi fuga del telar que en su estampado,
plagado de imaginería que, abstracta,
en su diseño raro me ha atrapado.

Vida invicta, tejido que refracta,
y parte ya no soy del vil tramado.
Retorno a ser persona y consta en acta.

jueves, 31 de marzo de 2022

Being you: A new science of consciousness

By Anil Seth

An imprint of  Penguin Random House LLC

(Fragments of the Prologue)

In the end, I want to leave you with a new conception of the self- that aspect of consciousness wich for each of us is probably the most meaningful. An influential tradition, dating back at least as far as Descartes in the seventeenth century, held that nonhuman animals lacked conscious selfhood because they did not have rational minds to guide their behavior. They were “beast machines”: flesh automatons without the ability  to reflect on their own existence.

I don´t agree. In my view, conciousness has more to do with being alive than with being intelligent. We are conscious selves precisely because we are beast machines. I will make the case that the experience of being you, or of being me, emerge from the way the brain predicts and controls the internal state of the body. The escense of selfhood is neither a rational mind nor an inmaterial soul. It is a deeply embodied biological process, a proces that underpines the simple feeling of being alive that is the basis for all our experiences of self, indeed for any conscious experience at all. Being you is literally about your body.

---

Our conscious experiences are part of nature just as your bodies are, just as our world is. And when life ends, consciousness will end too. When I think about this, I am transported back to mi experience -my non-experience- of anesthesia. To its oblivion, perhaps comforting, but oblivion nonetheless. The novelist Julian Barnes, in his meditation on mortality, puts it perfectly. When the end of consciousnes comes, there is nothing – really nothing- to be frightened of.


lunes, 28 de marzo de 2022

Explicaciones sobre el origen y manifestaciones de la fijación oral

 


La relación entre dependencia y erotismo oral es fundamental, y tiene su sustento biológico en el gran desvalimiento de los mamíferos, especialmente del humano al momento del nacimiento, esto determina un residuo de actitud pasivo-receptiva que perdura a lo largo de toda la vida.

Lewin consideraba que la voracidad del primitivo apetito oral puede ser desplazado en múltiples direcciones, mirar, comer, leer, tener; así los rasgos de carácter oral pueden encontrarse en situaciones antitéticas como la volubilidad, la inquietud, y la prisa, por un lado y por otro lado la tendencia al silencio obstinado.

Para Valls una parte del erotismo oral corresponde a la pulsión de apoderamiento, cuya meta es la incorporación del objeto aunque ella implique su destrucción, en términos de rasgos de carácter esta se puede expresar por la necesidad de no poder compartir su pareja, la quiere para sí como una posesión, como un territorio.

Otros rasgos de carácter pueden surgir a partir de sublimaciones, donde los placeres parciales del erotismo oral serán eslabones de la sexualidad adulta, siempre bajo el comando de la primacía genital. El carácter de una persona ayuda a mantener la “normalidad”, es decir no es necesariamente patológico, se tornará en una caracteriopatía si su funcionamiento deviene rígido, con pocas variables para enfrentar las frustraciones de la realidad. La constitución de una caracteriopatía puede resultar en la base de cualquier otro cuadro patológico.

Durante el periodo oral, la meta pulsional es la devoración del objeto, lo que va a ser tomado como modelo psíquico de la identificación primaria, un funcionamiento rígido, masivo e invariable de esta condición deviene en trastornos de orden psicótico. A diferencia de otras etapas que pueden dejar una impronta clara en trastornos neuróticos y del carácter, es muy difícil encontrar configuraciones caracterológicas orales libres de elementos anales e histéricos. Esto debido a que los rasgos orales buscan expresiones en un gran número de actividades eróticas del adulto, y por otra parte a que muchos de los elementos orales que se hallan diferenciados ente sí, forma un todo inseparable durante la fase desarrollo.

El carácter termina siendo la manera de ser de una persona, el precipitado de su historia, sus eventos traumáticos, sus fijaciones, sus vínculos, sus elecciones de objeto, sus mecanismos de defensa, en fin todo vinculado con sus diversas identificaciones.

Es claro que estos pacientes presentan múltiples expresiones ligadas a la oralidad, sin embargo considero que la mayoría de estos elementos, desconfianza, pesimismo, asco, derivan de fijaciones por contrainvestidura, que generan los diques normales del erotismo oral. Afirma Valls con respecto a esta situación: “En grados patológicos es típico de los caracteres histéricos. En los antecedentes de estas personas figura el vínculo materno siempre como algo sumamente problemático, y la fijación oral está siempre a flor de piel”.

Las expresiones sintomáticas más evidentes de estos pacientes, propias del erotismo oral, se presentan durante el transcurso del análisis a partir del proceso regresivo inherente a psicoanalizarse. Los rasgos orales de carácter anuncian sus fijaciones, así no sería extraño esperar en ellos regresiones a niveles precoces del desarrollo psíquico, en donde apenas se estarían fundando las bases del lenguaje, la comunicación se da través de descargas afectivas que deben ser entendidas por la madre como llamados, solo así es posible constituir algún tipo de vínculo con ellos.

Si consideramos los vestigios biológicos propios de la dependencia de todos los seres humanos, podemos comprender con más claridad que con alguna frecuencia cualquier adulto se encuentra en situaciones en que se ve nuevamente tan desvalido como en la infancia, en esos momentos añora una protección omnipotente y una comodidad tales como las que tuvo en la infancia, así fácilmente regresa a la oralidad. Si bien en las circunstancias de regresión oral el aparato psíquico funciona en la categoría del ser y no del tener, la falta de reconocimiento del objeto es defensiva, no representa ésta una característica esencial de la estructura mental.

Los vínculos afectivos de esta paciente se mueven entre la dependencia y la independencia, atestiguando el par antitético propio del conflicto oral, situación que indudablemente trasciende a la elección del objeto sexual. El vínculo oral con la madre es fundamental para el destino de la libido objetal, cuando se elije aparentemente en primera instancia el objeto, así tenga características fálicas, esta ya es una reelección, no es un objeto totalmente nuevo, es realmente un objeto al que se lo reencuentra.

En la actualidad, para un gran número de analistas, estas neurosis graves, los estado psicosomáticos, los estados fronterizos, y las psicosis, obedecen todas a una misma herida, la fijación oral. Situación que aceptan sin preguntarse el porqué de destinos tan diferentes para un único mal.

Frente a la obra de Freud los psicoanalistas se hallan en la posición casi ineluctable de superarla, introducir en ella modificaciones, a partir de un cúmulo de experiencias y reflexiones, pero el psicoanálisis postfreudiano se despliega en tan diversas direcciones que resulta difícil saber cual de esas versiones es realmente una progresión.

 

Bibliografía

REVISTA PSIMONART
Tomado de internet.

domingo, 27 de marzo de 2022

Muerte en la madrugada


Eran alrededor de las 2:30 a.m. El reflujo ácido del jugo gástrico subió repentina y violentamente desde su entraña, por el esófago, hasta garganta y boca, pasando por los pulmones y los bronquios, interrumpiendo su respiración. La amarga irrupción en la boca y la inmediata asfixia lo despertaron. Buscó desesperadamente con la mano el interruptor de la luz. Ya encendida ésta, sus ojos desorbitados buscaron el vaso de agua de naranja y bebió, pero fue inútil: su respiración seguía cortada y no había indicios de que la fuera a recuperar. Intentó forzar el vómito pero el ácido estaba instalado en su todo su aparato digestivo y respiratorio. Tampoco podía hablar. Nunca un celular fue tan inútil. Con esfuerzo se levantó, llegó a la sala, llegó al patio. Cada paso aumentaba su desesperación. Logró abrir la reja y ahí cayó, inconsciente ya, ya casi muerto, esperando que alguien pasara, lo encontrara y lo ayudara. No fue así. Era de madrugada.
Los vecinos lo hallaron temprano, ya muerto, a pocas horas del suceso. Medio cuerpo en su patio, medio en la banqueta, la reja abierta. El forense lo dijo: Murió por reflujo gastroesofágico que le produjo asfixia. En el buró, junto a su cama, se encontró media botella de tequila. Fue el exceso de alcohol, dijo el médico, lo que le produjo el reflujo y la muerte consecuente.
Él, que había sido creyente, en ningún momento de su drama pensó en Dios, de hecho no pensó, sino que sólo actuó, desesperado, para salvar su vida. Ninguna oración vino a su mente, no pidió ningún milagro, solo esperó que apareciera alguna ayuda, algún vecino, un ser humano. Era sólo una criatura agonizante y, cuando se agoniza, se lucha por la propia vida, no se piensa en metafísicas. Eso no lo supieron ni el médico ni los vecinos. Lo sé yo, que soy el muerto.

sábado, 26 de marzo de 2022

Neurobiología: Epilepsia e hiper religiosidad


Incógnito: Las vidas secretas del cerebro
David Eagleman

 (…) Y no olvide que la larga lista de cosas que influyen en su vida mental va más allá de las sustancias químicas, y también incluye los detalles del circuito. Consideremos la epilepsia. Si un ataque epiléptico se centra en un benigno lugar concreto del lóbulo temporal, una persona no tendrá ataques motores, sino algo más sutil. El efecto es una especie de ataque cognitivo, marcado por cambios de personalidad, hiper religiosidad (una obsesión con la religión y una sensación de certeza religiosa), hipergrafía (escribir extensamente sobre un tema, generalmente la religión), la falsa sensación de una presencia externa y, a menudo, oír voces que se atribuyen a Dios. Al parecer, una parte de los profetas, mártires y líderes de la historia padecieron epilepsia del lóbulo temporal. Pensemos en Juana de Arco, la muchacha de dieciséis años que consiguió darle la vuelta a la guerra de los Cien Años porque creía (y convenció de ello a los soldados franceses) que oía la voz del arcángel San Miguel, de Santa Catalina de Alejandría, de Santa Margarita y de San Gabriel. Así es como ella describió la experiencia:

«Cuando tenía trece años, oía la voz de Dios, que me decía cómo tenía que obrar. La primera vez me quedé aterrada. La voz me llegó a eso del mediodía: era verano, y estaba en el jardín de mi padre.» Posteriormente afirmó: «Puesto que Dios me ha ordenado que vaya, debo ir. Y puesto que Dios me lo ha ordenado, aunque hubiera tenido cien padres y cien madres, y hubiera sido la hija de un rey, habría ido.» Aunque es imposible diagnosticar con certeza de manera retrospectiva, sus palabras, el aumento de su religiosidad y las voces que oía son síntomas coherentes con la epilepsia del lóbulo temporal. Cuando surge actividad cerebral en el sitio adecuado, la gente oye voces. Si el médico receta una medicación antiepiléptica, los ataques desaparecen y las voces dejan de oírse. Nuestra realidad depende de nuestra biología.

 

Nota de pie de página

Véase Trimble y Freeman, «An investigation», para estudios de la religiosidad en pacientes con epilepsia del lóbulo temporal, y Devinsky y Lai, «Spirituality», para una visión general de la epilepsia y la religiosidad. Véase d’Orsi y Tinuper, «“I heard voices”», para la opinión de que la epilepsia de Juana de Arco era de un tipo descubierto hace poco: la epilepsia parcial idiopática con rasgos auditivos. Véase Freemon, «A differential diagnosis», para un diagnóstico histórico de Mahoma en el que concluye: «Aunque es imposible un diagnóstico terminante a partir del conocimiento existente, los ataques parciales complejos o psicomotores de epilepsia de lóbulo temporal serían el diagnóstico más defendible.»

viernes, 25 de marzo de 2022

¿Y mis 15 minutos, Warhol?

 

Nunca luciré tan bien como Colin Farrell en Brujas. Nunca ganaré el Nobel de Literatura por escribir la historia de un periodista muerto de… Hambre. Se me adelantó Knut Hamsun. Nunca compondré una canción como el Hallelujah de Leonard Cohen. Nunca esculpiré una escultura como el David, de Miguel Ángel. Nunca viajaré al espacio como Jeff Bezos, pero tampoco me interesa. La moda, la cocina y el deporte menos. Entre lo que me importa (y nunca seré) y lo que no me importa (y nunca intentaré) estoy en medio. Las pastillas me vetan desvarío e insomnio. Dos novelas que permanecerán inéditas hasta mi muerte y quizás aun después de ella; tal vez alguno de mis versos sobreviva al tiempo, cosa que dudo. Me pregunto entonces ¿para qué nací?, ¿para externar ésta sola queja? Quizás sí. Debo escribirlo entonces, sin pudicia ni un imposible asomo de arrogancia: aceptar mi insignificancia, como la inmensa mayoría. Nacer, crecer, envejecer, enfermar, morir. No hay genialidad en esto, sólo aceptación. Was there a life before death? No yet. Sólo queda un tiempo restringido. ¿Seré capaz de lo grandioso o me conformaré? No lo sé. Mientras lo pienso me fumo otro cigarro. Al fin que Pessoa ya escribió Tabaquería.


jueves, 24 de marzo de 2022

Móviles de acción












Hay estrellas… pero están muy lejos.
A tres cuadras del mar… contaminado.
Las flores del jardín… me tienen harto.
Mis tres comidas… las hago solo.
El alcohol… me nubla, me hace trastabillar.
La calle… y sus perros que me desconocen.
La ciudad… insegura.
La gente… puros evangelizadores.
Los amigos… evangelizados.
La familia… no me gusta el rol que me asignaron.
La música… sin letra, por favor.
La juventud… me ignora por viejo.
Los viejos… prefieren a la juventud que los escucha.
La sociedad… me mandó al escalafón más bajo.
La pensión… mínima.
Netflix… sólo un espectador de ideas ajenas.
La poesía… inaccesible. Como ahora.
Sólo el cigarro está a la mano y asequible.
También la tos de fumador y el enfisema en puerta.
No quiero dejarlo y no lo haré.
Es el sucedáneo de todo lo que me privan y me privo,
de lo que me prohíbo y me prohíben.
Del amor mejor no hablo.
Es tanto lo que el cigarro suple,
como el móvil que no tuve de infante,
que no puedo dejarlo.

viernes, 18 de marzo de 2022

El ‘volado’









'Verdad’ tiene dos sílabas, como dos caras la moneda: águila o sol. El Sí y el No articulan resultados. La apuesta sólo admite dos opciones: ganar o perder todo. Que sea justo o injusto es secundario: este juego, como casi todos, es binario. El premio, si es que existe, es un secreto inaccesible a los humanos. Sólo tienes que morir para saberlo. Y aunque mueras, no saberlo también puede ser el premio. Todo depende de a qué le estés apostando.

Jogging en el Malecón

 














El reloj dice que es la 1:00 pm
y eso no importa ni para mí ni para el tiempo.
He visto tantos pájaros con sed,
el sol al cénit.
Tantos perros bebiendo de los charcos,
de las fugas de agua en las calles.
No tiene importancia la inanidad de la criatura.
He visto tanto muerto embalsamado
para dar tiempo a los rituales,
en los que vale más el traje que el cadáver.
Ellas, maquilladas para fingir el sueño,
muerte disfrazada.
La gaviota no.
Ella, frente al mar que fue sustento,
se echa en la playa y clava el pico en tierra,
con la cabeza oscilante
-ora de un lado, ora del otro-,
los ojos ya cerrados.
Ella que surcó airosa el espacio
a despecho de las corrientes de aire,
yace en la arena inerme.
¿Qué es la gaviota, ricamente emplumada,
en su agonía? Queratina B lastrada por la carne.
Como nube minúscula
caída en tierra muere de hambre y sed,
enfermedad y vejez, envuelta
en su discreto y elegante ropaje blanco y gris.
Aquí no hay más ceremonia que viento y oleaje
con su blanca espuma encapsulando sal y aire.
No hay dolientes: viudo, hermanas,
hijos, nietos, primos, padres.
En su muerte privada no hay parvada.
Es la supervivencia de la libertad.
Entre los hombres, sólo los indigentes
comparten esa muerte.
Confirmo: pasé junto a él
no queriendo ver,
fingiendo indiferencia.
Para el corredor más joven,
enfundado en pants
y sudadera con capucha,
es sólo un breve rodeo,
o un obstáculo a saltar en la banqueta.

Menoscabo


 












Menoscabada mi vista se menoscaba el cielo.
No es que haya menos estrellas, es que no las veo.
Menoscabado, mi oído omite los sonidos más sublimes.
Más no por eso hay menos música.
Menoscabado mi olfato las flores huelen menos.
El jardín se hace pequeño.
Menoscabado el gusto pierdo el hambre.
No por eso hay menos viandas ni sabores.
Menoscabado el tacto hay menos cuerpos.
Abrazos, besos, orgasmos congelados.
Se ríe menos, se habla menos,
se recuerda menos, se espera menos.
Se está casi que muerto.
El presente disminuye,
el pasado es borroso
y el futuro se diluye.
Todo lugar es más distante.
La vida pierde propósito y sentido.
Es pura inercia.
Dejar de ser es esperanza y no catástrofe.
El escurrir moroso de un río lento
que se agosta y se hace nada en el desierto.

jueves, 10 de marzo de 2022

Magia


La magia de los magos -tal como se nos muestra en la modernidad- son sólo trucos que algún día podremos conocer o no. No importa, es irrelevante. La magia de la realidad, cuando se le presenta al ser humano que hizo los rituales adecuados, pensó, dijo o escribió las palabras correctas para que ésta tuviera lugar, te deja las mismas opciones que a Arjuna frente a la totalidad de Krishna: morir o enloquecer de por vida. Si Arjuna salva la racionalidad y la vida, es porque postrado en el suelo le pide a esa totalidad que se le manifieste de la manera más amable: el joven azul cuajado de símbolos y emblemas re-cognoscibles, éste sí tolerable a la conciencia.

domingo, 6 de marzo de 2022

Anagnórisis

Foto: Alchemist-hp (talk) (www.pse-mendelejew.de)










Sabía yo -y lo recuerdo- que lo primero que olvida un enfermo de Alzheimer es el camino de regreso a casa. Cuando me pasó, comencé a reflexionar sobre ello. Naturalmente, le atribuí intencionalidad al hecho. Se olvida el regreso a casa porque es sólo casa, no hogar. No hay ya alicientes para permanecer en ella. El olvido, como el recuerdo, es selectivo. Olvidamos voluntariosa y deliberadamente, aunque de forma inconsciente, me parece. La pareja, a la que ya no queremos, los hijos que ya se fueron, entre ellos al que o a la que más quisimos, ya no están. Sólo quedan aquellos que no nos importan. Así es que no hay motivo para regresar. Por eso es que olvidamos el camino de regreso: no amamos a los que quedan en casa, si es que alguien queda. O si es que hay casa.

Cuando me pasó, y eso refuerza mi tesis, llevaba yo en mi cartera mis tarjetas bancarias, mi documentación básica, como mi credencial de identificación y del Seguro Social. No malinterpreto. Todas estas reflexiones las hago a posteriori, no antes de olvidar el camino de regreso. No sé qué tanto tenga que ver el inconsciente con esto. No sé si escapaba de un maltrato, una omisión, un abandono, o era yo quien omitía, abandonaba y maltrataba. No importa. El hecho es que no me interesa regresar. Las tarjetas facilitan mi vida, aunque esto será hasta que las pierda, las olvide o me las roben.

viernes, 4 de marzo de 2022

Un clavado a tu cerebro: descubre cómo tus neuronas actúan en el amor, la sexualidad, el estrés y las emociones


Neurofisiólogo Eduardo Calixto González

“Cuando estamos felices, contentos o tenemos un estado de plenitud emocional que nos hace reír, nuestras neuronas generan un estado neuroquímico que puede llegar a ser nocivo a corto plazo: entre más felices somos, nos hacemos tolerantes conductuales, creemos las mentiras que nos dicen, solemos discutir menos y disminuye nuestro juicio analítico".

7.- Felicidad y cerebro

LA RISA Y EL CEREBRO

Sonreír en sociedad disminuye la tensión, genera apego, fomenta la aceptación de individuos en grupos complejos, incrementa la atención y homogeneiza culturalmente. Reír dentro de un grupo de amigos es un código de aprobación, en la oficina disminuye la tensión, en la familia predispone a una mejor comunicación. Una secuencia de risas con la pareja puede ayudar a tener una mejor sesión de besos.

El cerebro humano tiende a ser feliz, lo promueve constantemente, aunque teniendo más elementos para ponerse a reflexionar o para estar triste, la naturaleza de nuestra corteza cerebral busca elementos para tranquilizarse y sentir que no todo está mal.

martes, 1 de marzo de 2022

Déjà vu


Su edad era avanzada. Tanto que ningún familiar, ascendiente o descendiente, lo había sobrevivido. La peste y otras enfermedades, la guerra, los accidentes y la muerte natural se los habían llevado a todos. La soledad, cuando es absoluta, también duele en el cuerpo. Sólo quería dejar de sufrir. Nunca fue rico, así que de este modo se libraba también de su miseria. Caminó, a paso de viejo, durante horas hasta llegar a la pavorosa llanura de Cistene, en la que se adentró bajo un sol inclemente. Su vista, por los años, se había deteriorado, pero se sentía observado atentamente. Siguió avanzando seguro que, en cuestión de pocos minutos, ella lo encontraría y terminaría con su dolor. Halló finalmente la caverna y, casi a la entrada, el cuerpo decapitado de Medusa, descompuesto, podrido, rodeado por esculturas pétreas que alguna vez habían sido hombres. Sintió envidia de ellos. No sabía cómo, pero sabía que Perseo había llegado antes que él. Se sentó sobre una piedra, a la sombra de la gruta. Después de media hora se levantó y retomó en sentido inverso el camino por el que había llegado. Desconsolado por la prohibición del suicidio que imponían las deidades, llegó a su vivienda ya de noche y se dejó caer sobre su cama, ignorando el gruñido voraz de sus entrañas. Con suerte, quizás no despertaría al día siguiente. Pero despertó, aunque casi al mediodía. Recordó un sueño confuso sobre una imaginaria y larga travesía hasta la planicie de Cistene. Eso le dio la idea, que agradeció como un favor de los dioses. Se levantó, tomó su cayado y se dirigió con seguridad aunque a paso lento, de viejo, a un sendero que se le hizo conocido, a saber porqué, y que conducía a la cueva de Medusa. No sabía bien a bien por qué, pero últimamente estaba y se sentía más cansado y debilitado que nunca. Temía no llegar a su destino.

domingo, 20 de febrero de 2022

Cuestiones lógicas

 









Si los sueños se multiplican…
Si los recuerdos vuelven…
Es la simple expresión
de la autarquía del presente,
que no aporta novedades a la vida.
Siempre inquieto,
tanto sosiego me sofoca.

En el sueño:
… psicodelias sorprendentes…
… rostros y sucesos nuevos…
… quizás promesas de un futuro incierto…

En el recuerdo:
… tantas veces la primera vez…
… el amor, la amistad, la fiesta, el sexo…
… sudor exhausto de placer y de trabajo…

La ciudad era entonces ya tan grande
que nadie la conoció, ni la conoce ahora…
Volver, quizás…
Pero yo soy otro y ella otra.
Oportunidad dudosamente ventajosa.

En el pasado, pantalla
gloriosamente sinestésica,
se proyecta la anomia
de este día y esta noche,
que se repiten una y otra vez,
idénticos en su mismidad,
interminablemente.

Qué lástima nacer tan antes…
Volver en el tiempo aún no es posible
y proseguir es arduamente trabajoso.
Aniquilante.

Estar vivo o muerto, como El gato de Schrödinger,
he ahí el auténtico y único dilema.
Decide ya, observador.
Abre la caja y… ¡sorprendámonos!


Unas palabras sobre Argos…


El asedio es real. Me consta. Llevo años escondiéndome de ellos y documentándolo. Son hombres y mujeres como todos, niños como todos, cercanos incluso, tan cercanos como unos vecinos, por ejemplo, como los compañeros del trabajo, tan cercanos como la familia. Décadas padeciendo su violencia. Una vida preguntándome el porqué. Y el por qué yo. Qué crimen espantoso había cometido, en esta u otra vida, para convertirme en el objetivo de su sevicia. Enloquecí unos pocos años. Mi conciencia y mi yo se ausentaron y no supe quién fui ni qué hice. La reclusión en el psiquiátrico, contra toda expectativa, me liberó, temporalmente, de las agresiones. En unos pocos meses, la medicación y la terapia, el internamiento y el conocimiento de casos peores que el mío, y el tiempo necesario para reflexionar en ello, para pensar en ello, me devolvieron la paz y la calma para pensarlo en frío. Hice el recuento de los hechos, anotados en mis libretas, las fechas y las circunstancias particulares de cada uno de ellos, los analicé uno por uno y comprobé, fehacientemente, que la sumatoria de todos ellos era inferior a la totalidad de lo monstruoso que me perseguía. Para hacerlo manejable, asequible, inteligible -cosa que parecía imposible-, le di un nombre humano, el de un personaje mítico: Argos. Él representaba toda esa agresión y esa violencia que, con distintos rostros y artefactos, perros, niños, adultos, máquinas, accidentes, me persiguió toda la vida. Sabe que lo he descubierto, porque me habita a mí como nos habita a todos. Ilusos que somos, creemos en la libertad de nuestros actos, el libre albedrío. Debo decirles que no hay tal. Por lo menos, no para todos, ni absoluta. Es una cuestión de grados. Pueden creerlo o no, pero ustedes no son quienes deciden. Es Argos. Ustedes lo llamarán con otros nombres, incluso hay quienes lo divinizan y lo entronizan en sus vidas con imágenes, incienso, veladoras, flores, ritos. Todo es inútil. Estamos lejos de saber lo que es realmente. De algo estoy seguro: no es un quién, es la otredad más radical imaginable, es un algo no humano que maneja a los más dóciles a su voluntad desde una realidad alterna, quizás otra dimensión, otro universo. Saberlo me devolvió la cordura y, saber que él sabe que lo sé, la entereza. Los años internado en el psiquiátrico fueron provechosos: gracias a la reflexión ahí y entonces realizada, me permite tolerar lo intolerable: la omisión, la agresión, la violencia, porque sé que no son ellos. Es Argos encarnando en ellos, tomando el control de sus mentes y sus cuerpos, dictando sus acciones. Huyo mejor, me escondo mejor, me defiendo mejor. Practiqué durante años con un interno que gustaba del ajedrez. Me enseñó a jugar porque nadie antes, en mi aislamiento, me había enseñado. De todos los medicamentos recetados -la risperidona se va por el retrete-, sólo tomo el clonazepam para dormir. No siempre es fácil conseguirlo. Más difícil me resulta hacerme entender por mis congéneres. Es por eso que vivo y que lo enfrento solo. Aunque la nicotina es una ayuda: claridad en el pensar, agilidad mental, incluso ecuanimidad, cuando no alegría. También, de vez en cuando, me permito dos o tres caballitos de tequila. Me siento liberado. Haber entendido que nunca entenderé plenamente la naturaleza ni el propósito de Argos para conmigo -o para con los otros- me tranquiliza. Saber que sabe que lo sé nos coloca en un cierto terreno de igualdad. No es que se haya ido, no, es que ahora soy yo el que sabe que siempre está ahí, del otro lado del tablero. El mueve sus piezas, yo las mías. No sé quien ganará, pero no importa. Lo importante es jugar sin trabas, sin vacilaciones y, sobre todo, sin miedo. Y desde que entendí lo que entendí, ya lo he perdido. Hasta cierto punto, he recuperado mi vida. Con otro nombre, por supuesto, en otra ciudad, otro país. Argos puede mucho pero no lo puede todo. Me consta. Sé de sus limitaciones y él de las mías. Pero cuando yo, y ustedes también, hacemos conciencia, podemos lo suficiente para hacerle frente. Aunque él sólo se deje ver en sus fantasmas. Fantasma también él, posiblemente.

sábado, 19 de febrero de 2022

Deriva sosegada…

 










El día es un mero trámite.
Transcurre indiferente a mí
y yo a él, sintonizados.
Algo de su gris se me entroniza,
algo de su frío y de su invierno.
Nada por hacer, ningún pendiente,
ningún hito memorable
en sus 24 esquinas.
Hoy no es como ayer ni,
tal vez, como mañana.
Hoy es hoy, niebla detenida.
Descarto podcasts,
videos musicales,
radio, libros.
Nada me despierta nada.
Contra mi costumbre,
apenas con un café
y un atole de avena
en el estómago,
me sirvo mi primer tequila.
No sé si soy yo o él quien esto escribe.
A cuatro manos, es seguro.
Pero no hay duda que,
excepto la hora y el ayuno
en que lo bebo,
el tequila tampoco marca un hito.
Lo conozco demasiado bien
y él me conoce.
No logro mi objetivo.
No es embriagarme,
sino marcar en su decurso
con una señal el transcurrir del día.
No habrá un segundo caballito
que transite por mi esófago.
No tiene sentido si no surte un efecto
en la continuada parálisis del día.
Es una resignación que es un fracaso.
Quizás eso esté bien
y me acostumbre a estar sólo conmigo
sin prótesis alcohólica, sin voz humana
y sin letras, propias o ajenas.
Sólo esta dejadez
que debiera ser descanso
y es tumba de mis expectativas.
Tanto sosiego me incomoda.
Algo debiera suceder y no sucede…
Pero sólo percibo decadencia inerte.
¿Es mi psique la que falla o es el día?
Eso, tal vez, es lo de menos…
Probablemente debiera agradecerlo.

viernes, 18 de febrero de 2022

En territorio de Argos

 








No puedo más.
Argos, tutor panóptico,
mentor de quinta,
enemigo de lo feble humano,
no otorga descansos.
Escribo sin ánimo de hacerlo
y él lo sabe: hoy podría reventar.
Otros reos son sus títeres,
su brazo ejecutor;
con barahúnda infame
interceptan la siesta o el descanso,
con golpes inmisericordes
todo intento de evasión.
No me puedo tumbar quince minutos
sin que retumben malheridas las paredes.
De ninguna manera puedo
embrocarme en el camastro
y descansar un cuarto de hora.
No hay derechos, sólo obligaciones.
No soy un atleta de alto rendimiento
pero eso a Argos no le importa.
He de poner un video formativo,
un audiolibro, un podcast
o cualquier otra nimiedad,
como escribir esto, o leer aquello,
que ha de gustarle a él, no a mí ni a los otros.
Tampoco yo conozco a Argos.
Como todo poder, es invisible,
ubicuo inubicable.
Aunque deduzco que tiene los recursos
para reducirme a polvo si le place.
Y le place. No cesa de exigir.
Apenas si intuyo lo que quiere
de su expresión oblicua, mediada, indirecta;
nunca meridianamente declara su objetivo
que no sé si es mejorarme o destruirme.
Más cerca estoy de lo segundo
que de lo primero.
Aunque soy yo quien esto escribe,
el protagonista es Argos, el ineludible.
No hay mentada de madre
ni súplica que valga: él siempre se impone.
No autoriza descanso
por más que lo esté necesitando.
Dije tutor, dije mentor,
pero no hay nada parecido a eso.
Argos es más fiero celador,
carcelero, torturador, que pedagogo.
No busca mi rehabilitación
sino dos logros en uno: mi resultado máximo
o mi mansedumbre y mi derrumbe.
No será hoy ni será esto,
que no es poesía sino queja,
aunque hay queja que llega a ser poesía.
Lo defraudo, lo sé, y no me importa.
Debo escribir esta jeremiqueada
o la escandalera carcelaria
con que Argos me castiga será peor.
No hay momento que no esté vigilado
por cien ojos o sin cuenta;
no hay acto u omisión errados sin castigo.
Hermes tarda demasiado
y yo, embrutecido,
esperaba oír el silbo de su flauta,
liberador, si es cierto el mito.
… no, creo que no veré los ojos de Argos
en los ocelos de los pavorreales,
ni me abanicarán sus plumas.
No cuento sino con un residuo,
que más de mí no queda ni más soy.
Lo odio. Siempre lo he odiado.
No llegué a esta cárcel por mi voluntad,
sino esposado. No hubo juicio ni jurado,
sino sólo la voluntad de una deidad adversa.
La pobreza de ideación y léxico
hacen constar mi deterioro interno.
Por fuera estoy deshecho.
No sé si es eso lo que Argos pretendía,
pero más no puedo ofrecer en mi carencia.
Estoy dado, soy prescindible
como cualquier cautivo de Argos.

De la tortura y los torturadores


Exceptuando a aquellos que lo hacen coaccionados por un poder superior, sea político, económico, religioso, criminal o de cualquier otra índole, los torturadores que disfrutan su actividad, en lo psicológico y en lo físico, esto es, en las mentes y los cuerpos ajenos, son sádicos no diagnosticados. Sea cual sea el caso, tienen que ser tratados médicamente, aislados o extirpados de la sociedad que los padece. Y los coaccionadores, si los hay, también.

martes, 15 de febrero de 2022

El pasecito

 

No es que como redactor profesional en la oficina de Prensa del Departamento del DF le fuera mal, pero económicamente andaba un poco corto. Cuando Juan Carlos comenzó a trabajar también para los Medeiros, a sus 26 años, su situación mejoró más que notablemente: ganaba el triple y la relación con sus nuevos patrones era de confianza. El clan de los Medeiros se componía del padre, don Manuel, un sesentón dueño de seis bodegas en Tepito llenas de aparatos electrónicos de contrabando procedente de Asia, y de su hijo Joel, de 26 años.

Ninguno de los dos era periodista de carrera, pero el patriarca de los Medeiros utilizaba su “charola” como titular de la fuente de Economía de un diario capitalino como parapeto para encubrir sus actividades ilegales, pero toleradas social y judicialmente. Tan toleradas, que eran pocos los reporteros que se sustraían a la institución del “chayo” o a tramitar algún permiso u obtener la concesión para algún negocio cuyos insumos eran, como los de Medeiros, ilegales en la mayor parte de los casos, debido a que aún no se firmaba el tratado comercial con Estados Unidos y Canadá. Medeiros podría apenas escribir su nombre correctamente, pero entraba y salía de los despachos de los jerarcas de la economía nacional como Pedro por su casa: sin anunciarse. Estaba bien relacionado porque sus “moches” eran siempre generosos. El contrabando, generalizado entre los mismos funcionarios y los reporteros de la fuente, daba para eso y más. Los trailers de Medeiros transitaban libremente hasta las puertas de sus bodegas siempre saturadas de mercancía en Tepito.

Del color de su pasaporte a las propiedades emergentes


Incógnito. Las vidas secretas del cerebro
David Eagleman
(Anagrama, Colección Argumentos)

 Casi todos hemos oído hablar del Proyecto del Genoma Humano, en el que nuestra especie ha descodificado con éxito la secuencia de miles de millones de letras de longitud de nuestro código genético. El proyecto ha sido un hito histórico, saludado con la fanfarria debida.

No todo el mundo se ha enterado de que el proyecto ha sido, en cierto sentido, un fracaso. Una vez hemos secuenciado todo el código, no hemos encontrado las anheladas respuestas acerca de qué genes son exclusivos de la humanidad; lo que hemos descubierto es un enorme libro de recetas para construir las tuercas y tornillos de los organismos biológicos. Hemos averiguado que otros animales poseen esencialmente el mismo genoma que nosotros; ello se debe a que están hechos de las mismas tuercas y tornillos, sólo que con una configuración distinta. El genoma humano no es muy distinto del genoma de la rana, aun cuando los humanos son muy distintos de las ranas. Al menos, los humanos y las ranas parecen bastante distintos al principio. Pero tenga en cuenta que ambos requieren la receta para construir los ojos, el bazo, la piel, los huesos, el corazón, etc. Como resultado, los dos genomas no son tan distintos. Imagine que va a varias fábricas y examina la anchura de longitud de los tornillos utilizados. Le dirán muy poco acerca de la función del producto final, si es una tostadora o un secador de pelo. Pero contienen elementos parecidos configurados en funciones distintas.

lunes, 14 de febrero de 2022

Yo, que no sueño…

 










El somnífero, el dormir profundo,
vetan la cura homeostática del sueño.
Yo, que no sueño, te soñé…
Tus ojos con brillos de obsidiana…
Tu piel morena clara, satinada…
Tu cabello, de un negro incontable…
… espeso, libre…
Ropa sobria, sin pretensión de altanería…
Sonriendo (¿me?) desde tu cara y una silla…
Yo, frente a ti, estupefacto…
Y no te hablé…
Debes comprender,
es tiempo de pandemia.
Y yo, que no sueño, no supe qué hacer…
… excepto despertar temprano y,
amodorrado, quemarme la lengua con café.

domingo, 13 de febrero de 2022

 


La belleza: creada de manera tan palpable y flagrante para ser amada por toda la eternidad

 

Incógnito. Las vidas secretas del cerebro
David Eagleman
(Anagrama, Colección Argumentos)

 

¿Por qué la gente se siente atraída por los jóvenes y no por las personas mayores? ¿De verdad son las rubias más divertidas? ¿Por qué una persona a la que apenas le hemos echado un vistazo parece más atractiva que otra a la que hemos mirado de manera prolongada? En este punto no le sorprenderá descubrir que nuestra idea de la belleza está profundamente impresa (y de manera inaccesible) en el cerebro, y todo con el propósito de conseguir algo biológicamente útil.

Piense de  nuevo en la persona más hermosa que conoce. Bien proporcionada, enseguida cae bien, su personalidad es magnética. Nuestros cerebros están exquisitamente afinados para fijarse en esos rasgos. Simplemente a causa de unos pequeños detalles de simetría y estructura, esa  persona  disfrutará  de un destino de mayor popularidad, ascensos más rápidos y una carrera de más éxito.

¿Cómo te amo? Déjame contar las jotas


Incógnito. Las vidas secretas del cerebro

David Eagleman
(Anagrama, Colección Argumentos)

Puede que le cueste expresar en palabras las características de la manera de andar de su padre, o de la forma de su nariz, o de su manera de reír, pero cuando ve a alguien que camina o ríe como él, o se le parece, se da cuenta enseguida.

Consideremos qué ocurre cuando dos personas se enamoran. El sentido común nos dice que su ardor crece a partir de un número de semillas, incluyendo las circunstancias vitales, el sentido de la comprensión, la atracción sexual y la admiración mutua. Seguramente la maquinaria encubierta del inconsciente no participa en su elección de pareja. ¿O sí?

Imagine que se topa con su amigo Joel, y éste le dice que ha encontrado el amor de su vida, una mujer llamada Jenny. Qué curioso, piensa, pues su amigo Alex acaba de casarse con Amy, y Donny está loco por Daisy. ¿Por qué se da este emparejamiento de iniciales? Concluye que es absurdo: las decisiones importantes de la vida –como por ejemplo con quién vas a pasar la vida– no pueden estar influidas por algo tan caprichoso como la inicial del nombre. Quizá todas estas alianzas aliterativas son mero accidente.

sábado, 12 de febrero de 2022

De/gradaciones alcohólicas

Grito o carcajada,
Desazón o euforia,
Hemorragia o coágulo,
Deben formularse
con voz y sentir propios.
Pobre del hombre
Que a deshoras canta letra ajena.
Es pastiche, colcha payaso,
Imitador de antro.
Reflejo capturado en un espejo.
Eco cascado de campana,
Muñeco de ventrílocuo.
Copia en serie de una última copia.
Falsario en cada esquina
De las veinticuatro
Que le ofrece el día.
Mejor no cantar
Que pedir a préstamo
Versos ajenos
Que rara vez
Consignan el diccionario
O el habla popular
O la poesía
O el sentimiento escueto.
Es la delusion del yo
Frente a los otros,
Espectro del alcohol, fantasma,
Constatación del 'no soy nadie'.
La resignada firma del fracaso
En tantos desvelos reiterado.


martes, 8 de febrero de 2022

Guaya

Escapas de la forma, huyes de la simetría que encorseta; tu tronco no se ciñe a lo cilíndrico, tus ramificaciones escapan a la regularidad. Y las bifurcaciones de éstas, además de múltiples, ocurren siempre en puntos diferentes de las otras: más arriba o más abajo, antes o después. Ahora, en invierno, la fronda inferior no se corresponde con la calvicie de tu ramaje cúspide. Hojas secas por entero, hojas medio secas, hojas secas en su tercera parte, y así, algunas apenas carcomidas, diferenciadas de las ausentes, de las ya caídas, vueltas humus. Eres tan distinta de lo humano que sólo en la simetría ve belleza, porque él mismo no es un simétrico perfecto. Yo no lo soy y estoy consciente. Por eso, esperaré a la primavera y al verano para verte plena e informe, repartiendo tu sombra generosa y desparramada frente al portal de esta casa que es casi un rectángulo exacto, y sobre mi cuerpo, dos medios espejos desfasados. No sé por qué te rebelas a la simetría, optando por lo informe. Eres sólo otra faceta de la vida que no entiendo. Más parentesco tienes con las nubes, el desorden de este texto, que, por ejemplo, con los pinos. Guaya, tantos años, tanta altura y tampoco has dado frutos. Adivino en ti una radical protesta -frustrada- contra la geometría: aún lo informe es una forma indescripta de la forma. ¿Qué piensas tú de mí, guaya? Sí, azotados ambos por el frío viento del norte, escucho tu rumor, pero ¡qué pena!, no lo entiendo.

lunes, 7 de febrero de 2022

Barahúnda

 










Despojado de toda humanidad,

no hay más que bestialidad

en el festejo tribal de tus “victorias”.

Y el fragor de tus tambores

ofenden Tierra, cielo, vida.

Tus carcajadas salvajes gritan tu enfermedad.

Pero no siendo médico no sé cómo curarte.

La empatía hay que ganársela.

No despiertas compasión, sino asco y rechazo.

Vivir al costado de tu infierno

me ha hecho resiliente.

Y aquí estoy, casi tan deshumanizado como tú,

fruto de tus obras,

deseándote la muerte cruenta

que para mí deseas,

pero que tú mereces desde hace décadas.

Si mueres antes,

yo tendré respeto por tus deudos

y me abstendré de fiesta.

Si ocurriera al revés, 

no hay nada que explicar.

Conozco tu respuesta.


sábado, 5 de febrero de 2022

Edades

 

Salvo excepciones, sin importar que tan largas o cortas sean sus vidas, los pasos más trabajosos que da el ser humano sobre la Tierra suelen ser los primeros y los últimos.

Estaciones

Y febrero está en febrero,

donde debe estar, en el invierno.

Lejos de las fiebres de mayo y junio.

Todo está como debiera.

Coletazos fríos con norte,

pronóstico de lluvias,

que tendrán lugar o no.

Pero febrero está en febrero

y no hay queja por ello.

Sólo hay que cubrirse más

cuando se es viejo;

que los jóvenes,

aunque bien cubiertos,

conservan, naturalmente,

la tibieza de sus cuerpos.

Sea la taza de vidrio o metal

ellos la entibian con su sólo tacto,

sin mediación de guantes.

Que casi todo, o todo, está como debiera,

aún si yo no lo comprendo.

Ni queja ni alabanza:

naturalidad, naturaleza.

Vestirse y desvestirse.

Así nosotros como los árboles.

Ellos deshojados, secos,

y, nosotros, vestidos

y arrebujados.

Té o café caliente

en el buró, escuchando música

o leyendo, es decir, explorando

los climas interiores y exteriores

de nuestros semejantes de otras partes.

Antes y ahora.

Que del mañana, con certeza, no sabemos.

lunes, 31 de enero de 2022

Angustia existencial: un posible origen orgánico


La física española Sonia Fernández-Vega, en entrevista disponible en YouTube, dice, entre otras cosas, que una persona promedio está compuesta -si no recuerdo mal- de unos 7 mil 400 millones de átomos. Van las dos cifras que maneja: 99.9999 o 99.99999 por ciento de cada átomo es vacío. Entre el núcleo de éste y las subpartículas que lo circundan hay distancias abismales a nivel subatómico. Deduzco, por lo que dice la científica ibérica que, si eliminamos el vacío de cada átomo, somos prácticamente inexistentes, meros hologramas. La investigadora lo ilustra con un dato que puede resultar sobrecogedor: eliminado el “vacío atómico”, la “materialidad total” de la humanidad entera -unos 7 mil 300 millones de personas- no superaría el tamaño de un terrón de azúcar.

Por otra parte, en El error de Descartes, el neurocientífico Antonio Damasio nos dice que la conciencia, nuestra propiocepción, es una actualización constante, de ida y vuelta, entre nuestro cerebro y el resto del cuerpo, cubierto de parte a parte, de una red neuronal -nuestro sistema nervioso- que está rindiendo constantemente un “informe” del estado del cuerpo al cerebro que, dependiendo de ese informe continuo, se traduce ya sea en cambios de estados de ánimo, sentimientos, emociones e incluso disfunciones o mejoras orgánicas.

Aunque la información de Fernández-Vega yo la hice consciente a partir de un video, sí he vivido, antes de conocer lo anterior, mis correspondientes, casi diría recurrentes, crisis existenciales, de las que pocos adolescentes y adultos escapamos en algún momento de nuestras vidas. Y es aquí donde aventuro -sin mayor rigor científico ni más información que los datos mencionados- mi hipótesis: ¿cabría la posibilidad que el sistema nervioso se “percatara”, “percibiera” de alguna manera hasta ahora desconocida, ese vacío esencial en nuestro organismo, en nuestra materialidad y rindiera el correspondiente “informe” -que imagino confuso, “preocupado”- al cerebro, y este tradujera ese informe de vacío en “angustia existencial”, a la que, a posteriori, daríamos razones y sinrazones que resultarían no ser más que meras racionalizaciones de dicho informe corporal?

Yo, que ni soy físico ni neurocientífico, sino sólo un lector curioso, aventuro esta hipótesis, que es más bien una pregunta al colectivo de investigadores de la neurociencia, la filosofía y la psicología.

Pero aún la información más descorazonadora puede ser paliada y afrontada desde un razonado positivismo, según la respuesta que se da a sí mismo Anil K. Seth, estudioso e investigador de la conciencia humana y la Inteligencia Artificial -parafraseo-: Sin importar cuál sea la verdadera naturaleza de la realidad -de la que formamos parte-, existe el hecho ineludible de que nosotros nos percibimos como reales. Un apretón de manos, una palmada en la espalda, un abrazo, una caricia o una lesión, un beso, una relación amorosa, con orgasmo o sin él, los vivimos como auténticos. Si esta calidez de nuestros cuerpos, esta afectividad, podemos comunicarlas, entonces vale la pena experimentarlas, vivirlas, compartirlas.

Con esta última actitud vital y vitalista me quedo, así sea por mera conveniencia. Pero la respuesta a la hipótesis sobre el posible origen fisicalista de la angustia existencial, queda encomendada al colectivo científico y académico. Por descontado.

sábado, 29 de enero de 2022

¿Ángel, quizás?


De día nunca lo percibí. Sólo por las noches y en las irregularidades mínimas de las arenas de la playa, medio aquiescentes a mi peso y no. Era un adolescente -casi un niño-, que al mirar el firmamento nocturno durante un cierto periodo de tiempo - ¿corto? -, sentía miedo de “caer ascendiendo”, paradójicamente, al cielo estrellado. Sentía ostensiblemente la pérdida de gravidez. No sabía entonces de las cuasi inconmensurables distancias estelares, sino por lo poco que me decían los libros escolares de Primaria. Pero ya la sola idea del “flotar” dentro de nuestra atmósfera, tan alta para el preadolescente que era, me inducía al terror. Así es que, sin que mi hermano ni amigos entendieran porqué, enderezaba casi inmediatamente el torso y permanecía sentado, mientras ellos continuaban recostados admirando las estrellas. “Caer hacia arriba” era una sensación que sentía como posible, como real. Cuando volvíamos, mi hermano y yo, ya tarde a casa, me tendía boca-abajo en la cama y bendecía en silencio el techo que mediaba entre el infinito y yo. Luego crecí, seguí estudiando, ingresé al mundo laboral, gané dinero, tuve mujeres, muchas, me alcoholicé con los nuevos amigos -no conservaba ninguno de mi infancia ni adolescencia-, pero nunca formé familia ni tuve hijos. Probé todas las sustancias alucinógenas habidas y por haber, además del alcohol y el tabaco, convirtiéndoseme este último en adicción. Todas las otras las dejé en uno u otro momento de mi vida.

Una felicidad elusiva a la memoria


Por no resultar útil a las estrategias de supervivencia evolutiva, la felicidad se ausenta de nuestra memoria. Nuestros ancestros tenían muy, pero que muy presentes, los rastros que dejaban los animales depredadores en bosques, selvas, ríos, estepas, valles, tundras, mares, que amenazaban su preservación como especie. Ahora, nos alejamos de sitios riesgosos para nuestras vidas, como ciertos países, ciudades, barrios, calles, cruceros, del crimen organizado o de la Policía, ahí donde no se la percibe como agente de protección ni de justicia.

33 grados a la sombra

Casi las 14:00 horas. Alrededor del mediodía desperté. Un silencio que no dice nada. En la lengua nicotina y cafeína. En cuerpo y pi...